Asimismo, según sus defensores, se trata de una técnica rentable a corto y largo plazo, ya que requiere menos gasto en personal y estructuras, así como una menor cantidad de materiales, y no necesita tratamientos posteriores. En este sentido, las fases del proceso pueden tardar una semana aproximadamente, tras la cual hay que esperar a que las bacterias hagan su trabajo.
Mortero biológico
Además de este papel protector, la biomineralización también puede utilizarse en labores de restauración. En este caso, las bacterias se mezclan con polvo de caliza, formando finalmente una especie de "mortero biológico". Con este material, se pueden reparar pequeñas piezas desprendidas o rellenar cavidades u oquedades de la superficie caliza. Asimismo, la mezcla puede ir acompañada de pigmentos para que dicho mortero consiga el mismo color que el material de origen.
En cualquier caso, los expertos reconocen que la falta de formación de los especialistas en restauración impide por el momento la generalización de estos sistemas, a pesar del cada vez mayor número de grupos de investigación sobre el tema, especialmente en Italia, Francia, Alemania y Reino Unido. Por ejemplo, científicos de la Universidad Estatal de Milán lograron restaurar con este sistema frescos del siglo XIV atribuidos a Spinello Aretino y expuestos en el claustro del Camposanto de Pisa.
En España se han realizado algunos estudios, como en el Laboratorio de Análisis para la Restauración y Conservación de Obras de Arte de la Universidad Alfonso X el Sabio o el Grupo de Estudios Ambientales aplicados al Patrimonio Natural y Cultural de la Universidad de Santiago.
Por su parte, la Unión Europea está invirtiendo en diversos programas concretos que giran en torno a este tipo de "biosistemas": Biobrush investiga cómo eliminar los depósitos salinos de los monumentos; Bioreinforce se centra en el reforzamiento de las estructuras pétreas; Coalition se basa en la Biología Molecular para conservar los bienes culturales; Bacpoles estudia los problemas de los microorganismos en la madera; Papylum o Vidrio observan los efectos en el papel y en las cristaleras, respectivamente; etc.
Fagoterapia y biodetergentes
Las bacterias también pueden ser las causantes de la degradación del patrimonio cultural. En este caso, se aplica la denominada "fagoterapia": Unos virus que infectan y eliminan únicamente bacterias, eliminándolas sin perjudicar el material.
Asimismo, otro problema muy común en el mundo de la restauración es la eliminación de manchas y residuos. Aquí, los defensores de los "biosistemas" utilizan enzimas, unas proteínas complejas que provocan unos procesos químicos que permiten eliminar los restos orgánicos sin dañar la obra de arte. Ahora bien, para que el proceso funcione correctamente es necesario cumplir todas las condiciones del tratamiento, porque de lo contrario se puede incluso acabar perjudicando el material.