Lo que un hombre piensa de sí mismo, esto es lo que determina, o más bien indica, su destino. Henry David Thoreau (1817-1862). Escritor, poeta y pensador.
7/04/2010 - 20:19h

El aislamiento térmico: ahorrar dinero en energía con una pequeña inversión

"No es más rico quien más gana, sino quien menos gasta". Esta frase, que nos trae un regustillo a conversación de sobremesa, también tiene la virtud de sintetizar a la perfección el sentido del aislamiento térmico en edificios en la era de la sostenibilidad. En el contexto energético actual, el aislamiento térmico ha dejado de ser una opción para convertirse en una obligación. Eso sí, con ganancias palpables para todos.

Cambian las formas y los estilos, pero desde que existe, la vivienda humana ha tenido siempre la misma finalidad: protegernos del entorno y, muy especialmente, del clima y de lo que comporta (frío, calor, viento, lluvia y humedad). La evolución tecnológica ayuda mucho a cumplir esta finalidad, aunque como veremos más adelante, algunas respuestas hay que buscarlas en el saber ancestral que se puede encontrar aún en la arquitectura tradicional.
 
Los humanos pasamos el 85% del tiempo de nuestra vida dentro de edificios de todo tipo. Aislar un edificio es impedir o atenuar la propagación de un fenómeno físico como el calor dentro de un recinto edificado.  Necesitamos el aislamiento térmico para mantener los interiores a unas temperaturas que sean independientes del exterior y de las variaciones de las estaciones.
 
Un edificio mal aislado se calienta mucho en verano y se enfría mucho en invierno. El aislamiento térmico dependerá de la capacidad de los materiales empleados en la construcción para oponerse al paso del  calor por la conducción. La capacidad para aislar se expresa en m2 K/W. La resistencia térmica es inversamente proporcional a la conductividad térmica.
 
Cuando en un sistema aislado hay un punto no controlado con la presencia de un material muy conductor o simplemente un agujero físico, se habla de punto térmico.
 
Razones para aislar
 
La primera razón es obtener confort, con una temperatura interior situada entre los 20 y los 26ºC, que ha de ser más o menos homogénea en todo el local o vivienda. Si se producen grandes diferencias de temperaturas, tendrán lugar corrientes que disminuirán el confort. De todas formas, hay que hacer un matiz importante sobre esta afirmación. Efectivamente, una gran corriente de aire no es recomendable, pero también es conveniente que haya una cierta diferencia de temperatura entre diferentes estancias de la casa para que circule el aire, de forma que se produzca una pequeña corriente que ventile la casa. El Código Técnico de la Edificación ya tiene en cuenta este factor. Se trata de buscar un equilibrio que supere la contradicción entre la necesidad permanente de renovación del aire y el estancamiento, igualmente necesario para reducir el consumo de energía en climatización.
 
Otra razón bien visible que explica la necesidad de aislamiento térmico es la eliminación de los fenómenos de condensación y de las humedades. Pero durante los últimos años, la cuestiones ambientales y económicas han adquirido una importancia fundamental. Las ambientales, debido a las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas que inciden sobre el cambio climatico. Las económicas, porque la lucha contra esta situación cuesta millones a los estados y a todos nosotros a través de los impuestos.

La consecuencia es que el concepto de eficiencia energética toma fuerza, y todo el mundo está convencido de que ésta es una buena opción. Sin ir más lejos, el anterior secretario de Estado de Energía de la Administración Bush, Samuel Bodman, dijo antes de abandonar el cargo, que la fuente de energía más grande e innovadora de la que podemos disponer inmediatamente es la energía que malgastamos cada día.
 
El peso de la ineficiencia
 
Según el arquitecto Toni Solanas, del Colegio de Arquitectos de Catalunya, "el público en general no es consciente de la gran cantidad de consumo energético que representan los edificios. Normalmente la gente relaciona este consumo con el transporte o las fábricas". De hecho, los edificios son responsables del 40% del consumo energético tanto en Europa como en los Estados Unidos y de la mayor parte de las emisiones de CO2 de origen humano. Dos tercios de esta energía va destinada a la mitigación del frío y del calor: calefacción y aire acondicionado. El hecho es preocupante si se analizan las tendencias.
 
La consultora McKinsey, en alizanza con la empresa energetica Vattenfall, ha hecho un informe que vaticina que el año 2030 el espacio destinado a los usos residenciales habrá aumentado un 64%, una cifra a tener en cuenta si se considera que las viviendas representan la mayor parte de los edificios del planeta.  El informe pone de relieve que, en la fecha indicada, el uso del aire acondicionado se triplicará, especialmente en China, India y los Estados Unidos, siempre y cuando se mantengan las actuales condiciones. En China, cada semana se abre una nueva central térmica de carbón, hecho que ilustra gráficamente el ritmo de la tendencia.
 
Si la eficiencia no aumenta, la demanda de energía no se podrá parar, con el agravante de que, en el futuro, producir un kW extra de electricidad, en el caso de la Unión Europa, podrá llegar a costar entre un 50% y un 400% más que en la actualidad, según estimaciones de la Comisión Europea. Los expertos consideran irreversible el incremento de los precios de la energía  y más aún en países como el nuestro, en que la dependencia energética del exterior es muy significativa.
 
Un mundo diferente
 
En contraste con los datos expuestos anteriormente, un mundo donde la eficiencia fuese hegemónica ofrecería nuevas oportunidades para reconducir el problema del cambio climático. Dentro del amplio campo de la eficiencia, el aislamiento térmico presenta muchas ventajas porque se basa en tecnologías ya existentes que están probadas con toda garantía desde hace tiempo. Por este motivo, algunos observadores se han referido al aislamiento como una fruta que se encuentra al alcance de la mano.
 
Se han hecho cálculos tanto a escala mundial como europea  partiendo de la hipótesis de que todos los edificios presentasen unos estándares de eficiencia. En la primera escala, el ahorro de emisiones sería de 1.600 millones de toneladas equivalentes de CO2 por año (equivalente a todas las emisiones de Rusia durante el mismo periodo). En el caso de la UE, el ahorro sería de 460 millones de toneladas equivalentes por año, equivalentes a las emisiones de Italia.  La empresa Rockwwol ha estimado que los aislamientos instalados durante el año pasado ahorrarán durante toda su vida útil la emisión de 200 millones de toneladas equivalentes de CO2. Un edificio dura muchas décadas, hasta más de un siglo, por lo que resulta muy rentable incorporar elementos de eficiencia energética desde el inicio. A la larga sale mucho más caro no haberlo hecho así.
 
Normativa: ambición y realidad

Como es bien sabido, España ha incrementado notablemente el parque de viviendas nuevas durante los últimos diez años. Al mismo tiempo, el parque de viviendas más antiguas no se encuentra en las mejores condiciones. El país no está cumpliendo con sus compromisos de Kyoto en lo que respecta a las emisiones de CO2. Ahora hace tres años que entró en vigor el CTE, que detalla aspectos como niveles de transmisión térmica de los elementos constructivos, elección de aislantes de baja conductividad térmica, tipos de vidrios, gruesos de cubiertas y fachadas en función del área climática, rendimientos de los sistemas de calefacción y climatización, etc.
 
Durante 2007 se aprobó un decreto para la certificación energética de los edificios. Ambas normas responden a la Directiva Europea 2002/91/CE en materia de ahorro energético.
 
Un estudio realizado por el Centro Nacional de Energías renovables (CENER) ha calculado los espesores óptimos para obtener un confort térmico económicamente sostenible en diferentes zonas climáticas. Estos espesores suponen un grado de exigencia superior a lo estipulado en el CTE. El estudio pone de relieve las buenas intenciones pero también las limitaciones del CTE, ya que con el aislamiento adicional que propone este estudio, se llega a unas cifras de reducción del consumo de energía por metro cuadrado al año muy superiores a las del CTE. Además,  concluye que adoptar estas medidas de aislamiento costaría 483 euros por cada vivienda de 90 m2 útiles.
 
Durante 2008, Luis Mateo, director general de la Asociación Nacional de Fabricantes de Materiales Aislantes (ANDIMAT) manifestó en una entrevista a la revista Ecoconstrucción que "durante los últimos 27 años, los países europeos han revisado varias veces sus normativas nacionales de manera que el CTE ya se queda corto. Además, somos el país europeo con las exigencias térmicas más bajas".
 
Apostar por la rehabilitación
 
En general, los edificios nuevos representan una pequeña parte del total del parque de viviendas; por tanto, el mayor potencial de crecimiento de ahorro a través del aislamiento se encuentra en los edificios antiguos, y más cuando, como se ha apuntado anteriormente, en el caso español se presentan grandes deficiencias al respecto. Según Toni Solanas, "no sólo venimos del boom de la construcción, sino de una cultura que consume mucha energía". El arquitecto señala que " si quieres bajar la demanda energética, lo mejor que puedes hacer es rehabilitar". Desde el ANDIMAT, la rehabilitación se considera no sólo como una alternativa económica a la crisis de la construcción, sino también como una gran oportunidad para poner al día la mayor parte de los edificios del país mejorando la calidad de vida de la población.
 
No hay un gran plan estatal de rehabilitación. Actualmente, el estado ayuda a financiar proyectos de eficiencia energética dentro del Plan de Acción 2008-2012 con 1.000 y 2.000 millones de euros destinados a subvenciones y préstamos, respectivamente. Dentro del sector de la edificación, uno de los conceptos incluídos en el plan son las inversiones en el envoltorio térmico de los edificios, que están destinadas a reducir la demanda de calefacción y refrigeración. Las ayudas se sitúan entre un 22 y un 35% del coste. Las Comunidades Autónomas tienen la potestad de incrementar este porcentaje. La Generalitat, por ejemplo, concede ayudas que pueden llegar hasta el 60% del coste de la obra.
 
En toda Europa se multiplican los programas de ayudas para el aislamiento térmico de viviendas. En Gran Bretaña se hace en colaboración con las empresas proveedoras de energía. Así, se han aislado 2,5 millones de fachadas entre 2002 y 2008. Alemania asigna 1.400 millones de euros anuales para subvencionar la mejora de la eficiencia energética de los edificios.
 
De la tradición al futuro
 
La arquitectura tradicional, como por ejemplo las masías catalanas, siempre han tenido en cuenta factores como la orientación, así como las condiciones físicas y climáticas del entorno cercano, para obtener el máximo confort térmico y lumínico. Toni Solanas sugiere que "antes de hacer intervenir a la tecnología hay cosas mucho más sencillas que se pueden hacer con un coste prácticamente cero". El crecimiento demográfico acelerado y el urbanismo y la arquitectura modernas han olvidado la mayor parte de estos principios, sustituyendo los métodos pasivos y gratuitos (orientación de fachada principal hacia el sur, por ejemplo) por métodos activos, es decir, por la aplicación de energía para la calefacción y climatización de la casa.
 
Los métodos pasivos no solamente reclaman un disposición concreta de los elementos constructivos, sino una cierta actitud de los habitantes de la casa en el sentido de que éstos deberán aplicar diversas estrategias en función de la estación del año. En verano, por ejemplo, hay que limitar la radiación solar con cortinas y persianas, o con árboles de hoja caduca, y facilitar las pérdidas de calor con ventilación nocturna.
 
El concepto de casa pasiva actual retoma los principios de la arquitectura tradicional, pero suma la tecnología para conseguir la máxima eficiencia. Eso sí, no utiliza ningún sistema activo mientras los pasivos proporcionen el confort esperado. Una vivienda pasiva es, por definición, aquella que tiene una eficiencia energética muy elevada hasta el punto de llegar a ahorrar entre un 70 y un 90% de los costos de calefacción habituales en los hogares estándard. Son casos donde todas las aperturas están bien selladas y donde el aislamiento de las paredes es el más adecuado para la zona climática. No hay puntos térmicos, la orientación de la casa es óptima para captar más luz solar en el invierno y menos durante el verano, y la ventilación está perfectamente controlada.
 
Se puede tener la sensación de que no se habla suficientemente sobre este aspecto tan importante para reducir los costes energéticos de las viviendas. "El problema radica -indica Jordi Bolea- en el hecho de que se focalizan las soluciones en técnicas complementarias que son más espectaculares y más visibles que el aislamento.
 
El contexto actual, marcado por la crisis y por una consciencia ambiental creciente, aporta motivos para el optimismo. tanto el regulador español como el europeo tienen bien presente  el aislamiento como parte de la solución y hay que esperar que una de las decisiones más importantes para reducir los efectos de los gases de efecto invernadero será fomentar todavía más esta medida. En el horizonte se encuentra la revisión de la Directiva de eficiencia y ahorro energético, y la del CTE a finales de 2011.
 
Fuente: Theknos, Revista del Colegio de Ingenieros Técnicos Industriales de Barcelona, octubre de 2009
 

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