La felicidad es interior, no exterior; por lo tanto, no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos. Henry Van Dyke (1852-1933). Escritor estadounidense.
4/05/2009 - 18:17h

Intelectuales estadounidenses plantean elevar los precios del agua, ante la sequía de California

Sequía en CaliforniaRecientemente hablábamos de la sequía en el suroeste de Australia. En California también están viviendo una sequía, y ya hay voces que se alzan pidiendo un precio más elevado del agua para motivar a los ciudadanos a disminuir su consumo.

 

Hace unas semanas, el gobernador de California, Arnold Schwarzenegger declaró el estado de emergencia y advirtió de posibles cortes en el suministro de agua corriente debido a un tercer año de sequía. Esta advertencia no debería sorprendernos.

Cada vez que tienen lugar sequías prolongadas, las autoridades públicas lanzan sus apasionados discursos, declaran emergencias e imponen restricciones en el uso del agua. A menudo se prohíbe regar el césped y se les hace recomendaciones a las empresas para que  preparen planes de emergencia en caso de no disponer de suficiente agua corriente.  También se anuncian excepciones, como el caso de Maryland hace unos pocos años, cuando se permitió a los negocios de lavado de coches continuar con actividad.

Las sequías siempre tienen un final, y cuando éste llega, los consumidores de agua vuelven a sus rutinas diarias, tratando el agua como si no fuera un recurso escaso. Los esfuerzos por conservar el líquido elemento se convierten en un asunto del pasado, hasta la siguiente sequía, hasta la siguiente crisis innecesaria. ¿ No hay otra forma de hacer las cosas ?

La respuesta es que sí, si es que estamos dispuestos a tratar el agua como el valioso recurso natural que es y ponerle el precio que se merece, de forma que la gente encuentro motivos suficiente para usarlo de forma sensata, especialmente en los momentos de mayor necesidad.

En 1776, Adam Smith describió en -La riqueza de las naciones la aparente paradoja de que el agua es absolutamente vital para la existencia humana, pero se vende a dos duros. Doscientos y pico años más tarde, puedo llenar un vaso de 0,2 litros 2.500 veces con agua del grifo por un coste inferior al de un simple envase de soda. En estas condiciones, no es sorprendente que estemos tan poco motivados a conservar nuestros escasos recursos hídricos.

En todo EEUU, el agua está infravalorada y su precio es correspondientemente bajo. El uso eficiente del agua sólo tendrá lugar cuando el precio refleje el actual coste de tenerla disponible. No debemos tener el miedo de que un precio más elevado suponga que vamos a pasar sed: de media, cada uno de nosotros utiliza 183 gallones de agua al día para beber, cocinar, lavar, limpiar y regar, pero menos del 5% de esa agua es para beber o cocinar. Hay mucho margen para ahorrar si a la gente se les da las señales adecuadas.

Cincuenta años de análisis económicos han demostrado que la demanda de agua es sensible a cambios en los precios, tanto a corto plazo como a largo plazo; en el primer caso, se las arreglan con una cantidad menor. En el segundo, adoptan dispositivos de ahorro de agua, tanto en los hogares como en las empresas. Por ejemplo en Boulder, Colorado, se pasó de una facturación sin medida del agua a un sistema donde se medía el consumo, y éste cayó un 40% de forma sostenida.

A pesar de que la escasez de agua normalmente surge durante los meses de más calor, y lo lógico desde el punto de vista económico sería elevar los precios de forma estacional, apenas se hace en un 2% de las empresas estadounidenses distribuidoras de agua corriente.

Hay quien está en contra de esta subida de precios de un bien tan imprescindible, argumentando que afectaría a las capas más pobres de la población; para evitar este efecto, se puede establecer tarifas por tramos, en los que los consumos menores también tengan que pagar un precio más bajo, penalizando sólo con precios más elevados a los grandes consumidores - derrochadores de agua.

Las sequías, como otros asuntos públicos, presentan tanto retos como oportunidades. Inevitablemente, tanto los ciudadanos como los negocios hacen lo que pueden para capear las restricciones de agua. Y con la misma inevitabilidad, una vez la sequía han desaparecido y se restablece el suministro de forma completa, todos volvemos a nuestras viejas costumbres derrochadoras de agua.

La próxima crisis del agua, cuando llegue, será por tanto una oportunidad para no volver a caer en lo mismo cuando las aguas vuelvan a su cauce.

 

Fuente original: Belfer Center, for Science and International Affairs

Autor: Robert Stavins

 
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