La naturaleza señala a los soldados de la vida el lugar en donde han de luchar por ella. Blas Infante (1885-1936). Poeta y político español.
10/04/2008 - 10:00h

Eco-basura: el consumismo verde no salvará la biosfera

No estaba previsto que sucediera así. Los científicos del clima nos dijeron que nuestros inviernos se harían más húmedos y nuestros veranos más secos. No puedo argumentar que estas inundaciones sean causadas por el cambio climático, ni tan siquiera que sean consistentes con los modelos. Pero, como el fantasma de Navidad aún por venir, nos ofrecen una ojeada del posible mundo invernal que habitaremos si no salimos de ésta.  
 
 
Con los niveles de mar elevándose y más lluvias en invierno (y recuerde que cuando los árboles están hibernando y los suelos están saturados quedan pocos lugares para que vaya la lluvia) todo lo que esto acarreará es una inundación de agua dulce que coincida con una marea alta en primavera, y ya tenemos la fórmula para un verdadero desastre. Ahora hemos visto cómo inundaciones localizadas pueden dejar fuera de combate servicios esenciales y sobrepasar a los trabajadores de emergencias. Pero los acontecimientos de este mes ni tan siquiera se situan cerca de algunas de las predicciones que circulan actualmente en publicaciones doctas. Nuestra lucha política principal debe ser prevenir la desintegración de las capas de hielo de Groenlandia y de la Antártida Oeste. La única pregunta ahora digna de preguntarse sobre el cambio climático es cómo.

Docenas de nuevos libros aparecen para proporcionar una respuesta: podemos salvar el mundo abrazando "formas de vida mejores, más verdes".
La semana pasada, por ejemplo, el periódico Guardian publicó un extracto del nuevo libro de Sheherazade Goldsmith, casada con el rico ecologista Zac, en el que ella nos enseña "a vivir dentro de los límites de la naturaleza " (Sheherazade Goldsmith (Editor principal), 2007. A Slice of Organic Life. Dorling Kindersley, London.). Es fácil: sólo haga su propio pan, mantequilla, queso, mermelada, salsas picantes y salmueras, cuide una vaca para ordeñarla, algunos cerdos, cabras, gansos, patos, pollos, colmenas, jardines y huertas. Bien, ¿a qué está usted esperando?

Su libro también contiene un montón de consejos útiles, y la autora se presenta de forma modesta, sincera y como alguien bien informado. Pero de la presión y el lobby para el cambio político, no hay ni una palabra: usted puede salvar el planeta en su propia cocina, si dispone de tiempo infinito y un montón de tierras. Cuando lo estaba leyendo en el tren, otro pasajero me preguntó si podría echarle una mirada. Lo hojeó por un momento y después resumió el problema en ocho palabras: "esto es para la gente que no trabaja".

Nada de esto importaría, si el periódico Guardian no hubiera puesto su foto en la cabecera la semana pasada, con la promesa de que ella podría enseñarnos a ir hacia el verde. La obsesión de los medios con la belleza, la abundancia y la fama, marchita cada uno de los temas que toca, pero ninguno tanto como lo hace en política verde. Hay un conflicto inherente entre el periodismo de la forma de vida a la que se aspira -que hace que los lectores se sientan mejores consigo mismos y vende cocinas en el campo- y la demanda central del ambientalismo: que debemos consumir menos. "Ninguno de estos cambios representan un sacrificio", nos dicen Sheherazade. "Estar más concienzado no significa dejar cosas". Pero sí se trata de eso: si, como ella, usted posee más de un hogar cuando otros no tienen ninguno.

Aunque resulta incómodo para los medios y sus publicistas, dejar cosas, cederlas, es un componente esencial para ser verde. Una sección de compras éticas en el libro de Goldsmith nos aconseja que compremos orgánico, que compremos estacional, que compremos local, que compremos sostenible, que compremos reciclado. Pero no dice nada sobre comprar menos.

El consumismo verde se está convirtiendo en una peste en el planeta. Si simplemente intercambiara los productos perjudiciales que compramos por los menos perjudiciales, lo defendería. Pero se están desarrollando dos mercados paralelos: uno para los productos poco éticos y uno para los productos éticos, y el crecimiento del segundo hace poco para obstaculizar el crecimiento del primero. Me estoy ahogando en una marea de ecobasura. Durante los últimos seis meses, nuestros colgadores se han saturado con bolsas de algodón orgánico, que - llenas de paquetes de té de ginseng y de sales de baño de aceite de jojoba - ahora es el regalo obligatorio en cada acontecimiento ambiental. Tengo abastecimientos para varias vidas de bolígrafos hechos con papel reciclado y cerca de media docena de minicargadores solares para cargar gadgets que no tengo.

La semana pasada, el periódico Telegraph dijo a sus lectores que no deben abandonar la lucha para salvar el planeta. "Hay aún esperanza, y las clases medias, con sus compostadores y sus eco-gadgets, serán los que lideren el camino" (Sarah Lonsdale, 19th July 2007. «Take the online test to find out your footprint». Daily Telegraph.). Hicieron algunas sugerencias de gran ayuda, tales como "un modelo de coche de carreras impulsado con hidrógeno" que, por £74.99, viene con un panel solar, un electrolizador y una célula de combustible. Dios sabe qué metales raros y procesos de alta intensidad energética fueron utilizados para fabricarlo. En nombre de la conciencia ambiental, simplemente hemos creado nuevas oportunidades para el excedente de capital.

Las compras éticas están en peligro de convertirse en otra señal más del estatus social. He conocido a gente que ha comprado paneles solares y miniturbinas eólicas antes de aislar las paredes de sus lofts: en parte porque les encantan estos dispositivos, pero en parte también, sospecho, porque entonces todos pueden ver cómo de concienzados (y cómo de ricos) son. Nos dicen a menudo que comprando tales productos nos animan a que pensemos más ampliamente en los retos ambientales, pero probablemente lo único que hacen es despolitizar. El consumismo verde es otra forma de atomización, un substituto para la acción colectiva. Ningún desafío político se puede resolver con compras.

Las clases medias están remarcando sus vidas, se felicitan por lo verdes que son, y continúan comprando y volando tanto como antes. Es fácil imaginar una situación en la cual el mundo entero compra religiosamente productos verdes y donde sus emisiones de carbono continúan elevándose.

Es verdad, como los consumidores verdes argumentan, que la mayoría de la gente encuentra en el estilo de vida verde un ideal más atractivo que el puritanismo severo. Pero también puede ser enajenante. He conocido un montón de trabajadores y de arrendatarios de granjas que están desesperados por comenzar una pequeña granja propia, pero han sido excluidos por lo que llaman "horsiculture": pequeñas parcelas de áreas agrícolas que se han comprado para prados de potros y granjas para otros hobbies. En lugares como Surrey y New Forest, las tierras de labrantío están ahora costando £30.000 el acre, a medida que los excedentes de la ciudad se utilizan para comprar estilos de vida orgánicos. Cuando los nuevos dueños se visten de lecheros y dicen a los excluidos cómo hacer la mantequilla, corren el riesgo de convertir el ambientalismo en el capricho de la élite.

Desafíe el nuevo consumismo verde y se convertirá en un mojigato y en un aguafiestas, en el espectro en el banquete, en el fantasma de Navidad aún por venir. Contra el brillante nuevo mundo de aspiraciones orgánicas, estamos forzados a levantar restricciones monótonas y de aburrida equidad: racionar el carbono, contracción y convergencia, más rigidez en las regulaciones de edificios, carriles de buses en las autopistas. Ningún suplemento de colores llevará un artículo acerca de esto. Ninguna estrella de rock podría vivir confortablemente dentro de su ración de carbono.


Pero tales medidas -y la dura y larga batalla política requerida para generarlas-, desafortunadamente, son necesarias para prevenir la catástrofe que estas inundaciones predicen, más que para simplemente jugar a ser verdes. Solamente cuando se hayan aplicado, el consumismo verde sustituirá el gasto actual, en lugar de serle un suplemento. Estas medidas son más duras de vender, no porque no puedan ser compradas a través de catálogos de pedidos por correos. Las opciones políticas duras tendrán que realizarse, y la élite económica y sus hábitos de gasto deben ser desafiados, en lugar de ser animados y adulados. Los multimillonarios que han abrazado la agenda verde deberían descubrir repentinamente otra causa urgente.
 
[Artículo publicado en The Guardian el 24 de julio de 2007. Traducción: Terra.org.]



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